MANIFIESTO PÚBLICO
No prometo certezas matemáticas.
Trabajo con personas, no con fórmulas. Y cualquier persona adulta sabe que, cuando entran en juego las emociones, la voluntad y las decisiones humanas, no existen garantías absolutas.
Durante muchos años he trabajado en este ámbito y, como ocurre en cualquier profesión con recorrido, también ha evolucionado la forma de explicar lo que hago. Hoy soy más preciso, más claro y más estricto con el lenguaje que utilizo, porque la experiencia enseña dónde están los límites.
Mi trabajo no consiste en vender milagros ni en alimentar expectativas irreales. Consiste en realizar procesos serios, con método, estudio previo y acompañamiento responsable, dentro de un marco espiritual concreto que respeto y explico desde el primer contacto.
No discuto con foros, no negocio con el ruido y no me defino por opiniones anónimas. Mi trayectoria la define mi trabajo, mi constancia y la forma en la que trato a las personas que confían en mí.
La discreción no es una estrategia de marketing: es una obligación ética. Por eso no expongo casos personales ni convierto la intimidad ajena en espectáculo público.
Quien busca promesas rápidas, certezas absolutas o confrontación, probablemente no encontrará aquí lo que espera.
Quien busca experiencia, claridad, seriedad y límites bien explicados, sí.
Yo trabajo así. Y no negocio ese marco.