¿El vidente nace o se hace?

Descubre cómo se desarrolla el don de la videncia

¿El vidente —vamos a llamarlo así, a quien posee el don de la visión— nace o se hace?

Un vidente es una persona que, sin necesidad de apoyarse en medios externos, puede percibir aspectos de la vida del consultante. Es alguien que ya presenta una sensibilidad distinta. Aunque al principio sus visiones puedan ser algo ambiguas y todavía no tenga la capacidad de provocar cambios por sí mismo, lo que percibe no depende únicamente de unas cartas o de un oráculo. Ahí está la diferencia: uno interpreta símbolos, mientras que el vidente siente.

El vidente, como digo, siente. Puede utilizar cartas o prescindir de ellas, pero su conexión con vosotros suele ser mucho más profunda. Un verdadero vidente tiene una sensibilidad especial hacia las energías y, gracias a esa conexión, puede orientar y guiar a quienes acuden a él.

En este punto surgen dos posturas muy claras. Hay quienes creen que la videncia es un don con el que necesariamente se nace, algo que ya viene desarrollado desde el inicio. Y también están quienes consideran que, aunque exista cierta predisposición natural, es una capacidad que puede cultivarse y desarrollarse con el tiempo.

Empiezo por la parte que me resulta más cercana, porque es mi propia experiencia. En mi caso, nací con el don de la recepción más desarrollado. La videncia fue esa chispa inicial que despertó mi vocación. Siempre he tenido esa capacidad, pero nunca me conformé con ello; seguí avanzando y trabajando para desarrollar otras habilidades, sin dejar de lado la videncia, por supuesto.

Desde mi experiencia puedo decir que, como cualquier otro talento, esta capacidad también puede aprenderse y desarrollarse. Eso sí, requiere esfuerzo, paciencia, constancia y mucha disciplina. Y si se tiene la oportunidad de contar con un maestro que guíe el proceso, el camino suele ser más claro, aunque no es algo estrictamente imprescindible.

El don de la visión, en realidad, lo poseemos todos. Insisto: todos tenemos esa capacidad en algún grado. Pero para que funcione correctamente debe mantenerse en equilibrio con ciertos principios universales, conocidos como principios herméticos. Entre ellos destacan:

1. El principio de polaridad:
“Todo es doble, todo tiene dos polos, todo su par de opuestos. Los semejantes y los antagónicos son lo mismo. Los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado. Los extremos se tocan, todas las verdades son semi-verdades y todas las paradojas pueden reconciliarse.”

2. El principio de vibración:
“Nada está inmóvil, todo se mueve, todo vibra.”

3. El principio del ritmo:
“Todo fluye y refluye, todo tiene sus períodos de avance y retroceso. Todo asciende y desciende. Todo se mueve como un péndulo: la medida de su movimiento hacia un lado es la misma que hacia el otro. El ritmo es compensación.”

4. El principio de causa y efecto:
“Toda causa tiene su efecto y todo efecto tiene su causa. Nada ocurre por azar; lo que llamamos suerte no es más que una ley que aún no comprendemos. Existen muchos planos de causalidad, pero nada escapa a la ley.”

5. El principio de género o generación:
“La generación está presente en todo. Todo posee principios masculinos y femeninos, y esta dualidad se manifiesta en todos los planos.”

Hay otro aspecto importante a tener en cuenta. Todas las personas nacen con cierta predisposición energética: algunas tienden más hacia la recepción (personas capaces de percibir energías, emociones o mensajes con facilidad), mientras que otras se inclinan más hacia la transmisión (personas que saben llegar a los demás mediante la palabra, la presencia o la acción).

Para llegar a ser un buen vidente es necesario dominar ambas capacidades como si fueran una sola. Tan importante es sentir como saber transmitir lo que se percibe. Por eso, el trabajo inicial de cualquier aprendiz suele centrarse en fortalecer la cualidad que tenga menos desarrollada, sin abandonar la que ya posee de forma natural.

Las energías que impulsan estas dos capacidades están relacionadas con dos polaridades distintas: la energía receptiva, asociada al principio femenino, y la energía transmisora, asociada al principio masculino. Por eso es frecuente encontrar muchas videntes mujeres, o hombres que tienen más desarrollado su lado receptivo. Y cuando hablamos de energías, hablamos de energías, no de género físico.

Si alguien solo tiene desarrollada la capacidad de recibir, aunque perciba muchas cosas, puede que no sea capaz de explicarlas ni de transmitirlas de manera que lleguen al corazón del consultante. Y sin esa conexión, difícilmente se produce la verdadera alquimia interior: el cambio.

Del mismo modo, quien posee facilidad para hablar o transmitir, pero carece de verdadera percepción, quizá pueda convencer durante un tiempo. Sin embargo, tarde o temprano el consultante terminará dándose cuenta de que está frente a alguien que solo maneja palabras.

Por eso es imprescindible desarrollar ambas cualidades antes de lanzarse a querer “adivinar” nada, especialmente cuando se trabaja con personas que depositan su confianza en ti.

Para terminar esta introducción, conviene recordar algo muy importante: el camino hacia la evolución espiritual no es un camino fácil ni rápido. Es una subida constante, que exige compromiso, disciplina y sinceridad con uno mismo. Y al final, solo llegan quienes realmente están dispuestos a recorrerlo.

Y recordad siempre:

“No es lo mismo andar el camino, que recorrer el camino.”

¿Estas listo para intertarlo?

  • JAVIER SANJUAN - ESPECIALISTA EN MAGIA BLANCA

    Trabajo de forma directa, sin intermediarios, y atiendo casos relacionados con Magia Blanca y Amarres de Amor entendidos como procesos espirituales y simbólicos de carácter personal y subjetivo. Llevo más de 30 años dedicado a este ámbito, acompañando a personas en situaciones afectivas complejas con seriedad, reserva y respeto absoluto a la intimidad.

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